miércoles 7 de mayo de 2008

SEGURIDAD ALIMENTARIA INDIGENA YUKPA

CON LA COOPERATIVA YUKPA CHAKTAPA SI VENDEREMOS LECHE EN LA ANTIGUA PARMALAT DE MACHIQUES

Sociedad Homo et Natura

La asamblea general de Caciques y líderes Yukpa convocada por Sabino Romero Izarra para analizar el proceso de recuperación de sus territorios originales y la arremetida sicarioganadera en la comunidad Chaktapa no se pudo realizar este pasado sábado 26 de abril de 2008 por desinformación generada por parte del General del Ejercito Izquierdo Torres acantonado en el Fuerte Macoa en Machiques, quien además ordenó recientemente, viernes 2 de mayo, tomarle fotos a las familias Yukpa que dignamente hoy de nuevo ocupan la hacienda Tizina ubicada dentro del territorio del pueblo Yukpa..

Dicha asamblea se transformó en una minúscula reunión llevada acabo en una pequeña sala en la sede de la Guardia Nacional, donde estuvieron presentes efectivos de dicho cuerpo y varios hacendados como Armando Chacín, presidente de la Asociación de Ganaderos de Machiques (GADEMA), los Vargas presuntos propietarios de casi todas las haciendas ubicadas en esta zona del río Yaza, y un representante de los Yukpa y colombianos de la zona utilizados por el sicariato ganadero.

Esta reunión fue utilizada para entre guardias nacionales y ganaderos acusar y agredir moralmente del líder Sabino Romero Izarra y pretender con ello socavar la resistencia del vocero indígena, de la comunidad Chaktapa y del pueblo Yukpa en general. Se buscaba a toda costa que la comunidad permitiera de nuevo la entrada del ganadero Guillermo Vargas a las instalaciones de la hacienda. Pese a la presión y manipulación Sabino no callo en la trampa montada.

Sabino denunció que a eso de las 2 de la tarde (no en la madrugada como se informó) del miércoles 23 de abril de 2008 fue agredido por un ciudadano colombiano apodado “Chepito” casado con una mujer Yukpa de la comunidad Mikibu y por cinco mestizos indígenas de la comunidades Kasmera y Mikibu. Posteriormente se supo que estos señores son dos de apellido Ramos de la comunidad Kasmera, Federico Yordan, Daniel Romero y otro apodado “Cópete” de la comunidad Mikibu.

Los familiares de Sabino denunciaron que esa tarde llegó cerca de la reunión que realizaban en la comunidad la camioneta del hacendado Alejandro Vargas, hijo de Guillermo Vargas, presunto propietario de la hacienda Cusare, conducida por un ciudadano colombiano llamado Richard encargado de la hacienda, y repartió a cada uno una escopeta de cinco tiros, y comenzaron de inmediato a dispararle a Sabino para matarlo, hiriéndolo con cinco plomos calibre 15 en la cabeza y en el brazo, pero este se defendió con su escopeta y los hizo huir gritando “corre que sabino nos mata…allá viene atrás”.

Como respuesta a la agresión de los Vargas, desde ese día los Yukpa ocuparon de nuevo por completo la haciendo Tizina. Logrando de esa manera el traslado para otra de las haciendas de los Vargas sus vacas. Asegura los lideres Yukpa Sabino, Olegario y Eladio Romero que ellos cuando hagan la cooperativa y las granjas familiares si llevaran la leche a la empresa del Gobierno y de los trabajadores de Machiques, la antigua Parmalat, leche que los Vargas se niega a vender en dicha la empresa recuperada por el pueblo y el Gobierno.


jueves 24 de abril de 2008

PENSAMIENTO INDIGENA VENEZOLANO

PENSAMIENTO INDIGENA VENEZOLANO

INTRODUCCIÓN

Es bien sabido que los pueblos indígenas no hemos tenido ni voz ni voto durante siglos. Todo el mundo sabe que somos los pueblos dominados; que no somos los pueblos dominantes. Todo el mundo sabe que nuestras ideas no son las dominantes. Frente a estas verdades tan simples, tenemos que luchar por promover nuestras ideas y perspectivas frente a esta dominación tan abrumadora.[2]

Hay una constante en la producción de] pensamiento venezolano: la dependencia de ideas eurocéntricas. Desde la Colonia rige esa norma: entonces, fueron los tomistas[3] y suarecistas[4], de la Escuela del Tocuyo; después, con Andrés Bello, el empirismo inglés y, con Simón Rodríguez, le tocó el turno a Rousseau y los enciclopedistas. En el siglo XIX, Venezuela seguiría dependiendo de la expresión conceptual importada. Situación que no cambiara fácilmente, de modo tal que continúa insatisfecha la exigencia que formulara Leopoldo Zea, desde México, cuando reclamaba una «emancipación mental» americana. En esa vía se encuentra el pensamiento indígena[5] venezolano, aún no ha podido deslastrarse de los intelectuales indigenistas, de la cultura occidental que como la religión le fue impuesta en forma temeraria y compulsiva.

La cultura no es una sentencia; es una herencia: los pueblos indígenas tenemos la obligación de magnificarla en el pedestal de nuestra mayor riqueza. Debemos rescatar la interculturalidad entre los indígenas y las otras culturas, nuestros espacios geográficos, ocupados ilegalmente, invadido etc., con el pretexto de establecer, áreas especiales, zonas militares, áreas estratégicas y por causa de utilidad pública; Restaurar la dignidad indígena, sin embargo, no es simplemente cuestión de devolver tierras, sino reconocer verdaderamente esos derechos originarios en nuestro territorio ancestral.

El jefe de la Asamblea de Primeras Naciones Indígenas de Canadá, Matthew Coon, dijo una frase muy sorprendente, que asume la extrema diferencia entre los indígenas y los canadienses: "yo no soy un canadiense". Nosotros somos venezolanos por la independencia y por la constitución e indígena por nuestro pasado glorioso y el derecho a la libre determinación de nuestros pueblos.[6]

El pensamiento indígena, deberá estar basado fundamentalmente en nuestras propias aspiraciones colectivas como pueblo, a través de la educación o toma de conciencia de nuestros pueblos y la formación de nuestras bases primigineas, principalmente en nuestras comunidades, consejos de ancianos, lideres y demás organizaciones propias. Que busque la pluriculturalidad, el multilinguismo y la pluraetnicidad. Esto con el fin de fortalecer los valores de nuestro pensamiento indígena como la identidad, la memoria histórica, la conciencia de nuestras culturas, de nuestras cosmovisiones y las leyes consuetudinarias o de origen que las sustentan.

El nuevo pensamiento indígena se ha venido construyendo desde abajo, contra el abuso de poder de los sectores dominantes, al calor de la guerra coyuntural[7], en la lucha contra las oligarquías, al fragor de las nuevas doctrinas de dominación, invasión, imposición, despojo y etnocidio, que tienen asideros poderosos en los imperios, iglesias, fundaciones, partidos políticos, ONG internacionales y los Estados.

Pero la subordinación al imperio, al sistema de gobierno de la clase oligárquica y de los Partidos Políticos, profundizó la exclusión en todos sus géneros, lo que hizo que los pueblos indígenas, se mantuviesen en una orfandad política, social y económica. La culpa es de los pueblos indígenas, de sus líderes y el mestizaje, otorgamos espacios de discusión y aparecieron nuestros voceros oportunistas.

Las organizaciones y sus lideres no tienen una estrategia y agenda política que discutir, que negociar, que pactar, los lideres tienen como único tema el asunto del dinero y de los viajes al exterior, esos lideres, capitalizan hoy en día la pobreza de esos pueblos, pero para enriquecerse; una Contraloría Social Indígena, mandaría a muchos de esos lideres oportunistas al Consejo de Ancianos, para la aplicación de la Ley Indígena por traición a sus pueblos , a los indígenas, a su sufrimiento y a la causa de la Indianidad.

La política indigenista, fue paternalista, de subordinación, de dádivas, de engaños, de estudios, etnocéntrica, de exclusión, las constituciones reconocieron solo la presencia de los pueblos indígenas, pero no los derechos originarios, especialmente el derecho a las pocas extensiones del espacio geográfico que lograron proteger, pero le cercenaron a través de las ABRAES, el territorio y que en la actualidad es del 30% del territorio nacional.

Se le otorgo a la Iglesia Católica, a través de los Vicariatos Apostólicos su cuidado, catequización compulsiva, tutelaje y protección con la Ley de Misiones de 1915 y su Reglamento de 1921.

Por otra parte los gobiernos de turno, los líderes políticos e instituciones veían a los pueblos indígenas, como un lento proceso de extinción, que solo seria cuestión de tiempo y de espera, la población indígena no era un peligro para el estado nación, para los intereses transnacionales, para la soberanía y el desarrollo armonioso de país.

No había un liderazgo indígena y los pocos que sobresalían se dedicaban a recibir las migajas de los gobiernos de turno, eran famosas la llegada a Caracas, la capital de la República, de los pseudos caciques que venían en época de elecciones presidenciales, a buscar las dádivas personales en nombre de los indígenas y sus pueblos. En la actualidad continúan subordinados e hipotecados a sus antiguos amos.

Es necesario también rectificar, revisar y reimpulsar nuestro pensamiento indígena, basado en la cosmovisión, nuestros valores culturales, los principios[8]y enunciados de las aspiraciones colectivas de nuestros pueblos, para compatibilizarla con los derechos, el conocimiento científico de la cultura occidental y el derecho internacional, no queremos ser objeto de los derechos humanos, sino sujeto de ese derecho, sin poner en peligro la soberanía del estado venezolano, como República Bolivariana, multicultural, pluriétnica y multilingüe.

El pensamiento indígena, es uno de los temas más discutidos por varias generaciones de intelectuales. La fundación de las repúblicas americanas en el siglo XVIII, y sobre todo en el XIX, trajeron nuevos planteamientos, porque en ellas aparecen de diferente manera temas de la identidad, pluriculturalidad, propiedad, territorios, derechos originarios contra las republicas nacientes y la nación como un todo, lo cual significó, entre otras cosas, enfrentarse contra las oligarquías, los triunfadores de la independencia, los intereses económicos, las iglesias, los imperios y los estados nacionales, ante graves problemas de exclusión y el no reconocimiento de la presencia de culturas indígenas en esos territorios de los estados nacientes.

El derecho indígena es uno de los temas más sensible de la agenda de la comunidad internacional. Existen hoy conflictos entre las legislaciones estatales y las legislaciones indígenas, en los cuales es necesario que intervenga el derecho internacional. Pero antes habría que despejar numerosas dificultades conceptuales. Una de ellas, con una complejidad política, tiene que ver con la dimensión del derecho de autodeterminación de los pueblos indígenas y las soberanías de los Estados.

Los indígenas levantan su voz y ya no necesitan de representantes, interlocutores o voceros externos de sus pueblos. Son ellos mismos los que hablan ante los pueblos, organismos internacionales, el Estado-Nación y el Mundo. Estos pueblos indígenas organizados asumen un discurso propio y una ideología que según algunos autores la definen como indianidad para separarse del indigenismo oficial y oportunistas de los antropólogos e intelectuales del siglo xx.

‘‘Los indígenas tienen gran sentido del consenso. Cuando eligen a una autoridad, no escogen al mejor, sino al más aceptable para todos, porque tal vez el mejor puede ser rechazado por un grupo. Entonces prefieren buscar un consenso, aunque tarde mucho, lo cual tiene gran sentido ético. Pero claro, llega un momento en el que ya no es posible tener paciencia y tienen que levantarse. ”[9]

En el siglo XIX, los pensadores sobre lo indígena asumieron la autodefinición de indianismo, pero luego a inicios del XX fueron más conocidos como indigenistas, y a fines de ese siglo se vuelve a usar nuevamente el enunciado indianidad, pero esta vez asumido como discurso de los mismos pueblos indígenas.

El nuevo indianismo desarrollado a partir de la década del sesenta: se trata del movimiento indígena liderado por los mismos indígenas que se han expresado ampliamente en Bolivia, Ecuador y México principalmente. En Venezuela, se planteaba que existían unos pocos indios, por lo tanto no había problemas indígenas, sino unos grupos en extinción, así lo manifestaban nuestros voceros oficiales de los gobiernos de turno.

La indianidad, debemos diferenciarlo del antiguo indianismo desarrollado por intelectuales blancos a fines del siglo XIX –y que continuó de alguna manera hasta después de la segunda década del siglo XX. Si el indianismo primigenio y el indigenismo del siglo XX fueron reflexiones desarrolladas por los blancos, el indianismo contemporáneo pretende representar el pensamiento de los pueblos indígenas, de sus voceros de sus intelectuales y herederos de los primeros habitantes de este continente.

Los estudiosos de la indianidad, la han clasificado en un indigenismo colonial, uno republicano y otro moderno. Las políticas coloniales, a pesar de la debacle poblacional, habrían querido “conservar la ‘nación india como tal’ dentro del ‘reino’ del Perú en un régimen de libertad protegida”; mientras que el indigenismo republicano “pretendía ‘asimilar’ al indio, convirtiéndolo en un ciudadano más de una república homogénea”. En cambio, el indigenismo moderno quiso “‘integrarla’ dentro de la sociedad nacional, pero respetando sus valores y peculiaridades culturales”. Así lo recoge, el antropólogo, Ladislao Landa Vásquez, en su obra el pensamiento indígena de América.

Las políticas indigenistas, tuvieron su principal sede en México, en Perú sin embargo su discusión había tomado auge en las décadas del siglo XX. El indigenista mexicano Moisés Sáenz decía en 1933: “probablemente no hay otro país en América donde la preocupación por el indio o por las cuestiones indígenas sea más profunda y más estudiada que en el Perú.

Hoy se conoce a este período como la “polémica del indigenismo”, una discusión que se desarrolló entre 1926 y 1927. Aparentemente, el debate central se realizó entre Luís Alberto Sánchez y José Carlos Mariátegui. Los documentos, reflejan una polémica con tres contendientes, representando la tercera posición Luís Ángel Escalante (periodista cuzqueño que en ese entonces era diputado oficialista en el gobierno de Leguía). Sánchez, representaba el costeñismo agredido por la vorágine indigenista; Mariátegui, la posición del militante socialista que quería partidarizar el indigenismo; mientras que Escalante representaba a un indigenismo “puro” y provinciano que reclamaba los derechos históricos de los indios que los criollos habían negado y desconocían.

En Venezuela las políticas públicas indígenas eran paternalistas y etnocentristas, se reconocían la existencia de los pueblos indígenas, pero se les negaba sus derechos originarios como pueblos. Se consideraban a los pueblos indígenas como campesinos y vivían en orfandad jurídica, tutelado por el estado. La clase dominante, la guerra fría, los gobiernos de turno aliados con el Imperio, hicieron que ver que las organizaciones de derechos humanos y de los pueblos indígenas, eran el brazo político y armado del comunismo. No querían renacer las cenizas de Emiliano Zapata, Pancho Villa, Sandino, Che Guevara, Guaicaipuro, Tiuna, Chacao, Baruta y Mara entre otros.

Gran parte de los estudios de antropólogos brasileños, han dedicado esfuerzos a explicar estas políticas tanto de parte del Estado como de las clases dominantes que avanzan sobre territorios indígenas. La construcción de la nación es otro filón de análisis que explicaría el interés de los intelectuales por las cuestiones indígenas. Estas ideas se presentaron en casi todas las épocas y por parte de diferentes analistas, de manera abierta o implícita; en concreto se considera que la marginación de algunos sectores (en este caso los indígenas) de la sociedad nacional haría incompleta a tal sociedad. En este sentido, casi todos los planteamientos, tanto de intelectuales independientes como de funcionarios del Estado y gobiernos, al tratar de explicar sus actitudes frente a la cuestión indígena, señalaban la necesidad de su inclusión al torrente de la nación moderna.[10]

La definición de la ideología indigenista depende de desde dónde se la mire y de la época en que se la analice. Si nos acercamos a su auge institucional, cuando los Institutos Indigenistas (en la mayoría de los países americanos de habla castellana, particularmente desde los años veinte hasta los sesenta) estaban en boga, se la consideraba como la propuesta más importante que el Estado había elaborado para solucionar la marginación de los indios. Los intelectuales indigenistas que participaban de estas propuestas creían necesaria la superación científica de los modos de reflexión de los indianistas que los precedieron. En cambio, si vemos el indigenismo después de la publicación del libro De eso que llaman Antropología (1970) en México y de la primera reunión de Barbados (1971), la sentencia social seria otra.[11]

Desde aquella época, pocos quisieron comprometerse con aquella ideología y, por el contrario, sobrevino las condenas y críticas. El agotamiento del pensamiento indigenista sucedió en los años sesenta. Igual que en México, en Perú había una sensación de embarazo o hastío incluso antes de los años sesenta. José María Arguedas, por ejemplo, quería sacudirse aquel epíteto, pues al momento de escribir uno de sus textos hablaba como de un pasado que ya no tenía mayor vigencia. Luego de esta etapa, se ha denominado neoindigenismo a las reflexiones y discursos en pro de los indios, porque ya estaban forjándose los movimientos indianistas. [12].



[1] Mopiveac@hotmail.com

[2] Donald Rojas. Presidente del Consejo Mundial de los Pueblos Indígenas. 1992

[3] El Tomismo es un sistema escolástico de pensamiento ideado por santo Tomás de Aquino, que ha tenido y sigue teniendo una gran influencia dentro de la filosofía cristiana. Tiene de común con la Escolástica su método de exposición de las cuestiones: proposición del problema; argumentos en contra; argumentos a favor; prueba de la tesis, y solución de las objeciones.

[4] la idea de crear "un Estado nuevo, un mundo nuevo y un hombre nuevo"

[5] Manuel González Prada, cuando proclama en su "Discurso en el Politeama" que "trescientos años ha que el indio rastrea en las capas inferiores de la civilización, siendo un híbrido con los vicios del bárbaro y sin las virtudes del europeo"

[6] En 1979, cuando se estimaba prácticamente terminado el proceso de descolonización, la Asamblea General de Naciones Unidas aprueba una nueva Resolución, la 2625, llamada Declaración sobre los Principios del Derecho Internacional, en la que hizo aplicable a todos los "pueblos" el principio de autodeterminación, no sólo a los sometidos a dominación colonial sino también a aquellos que formaban parte de Estados independientes, señalando que la libre determinación es un derecho de los "pueblos" y un deber de los Estados.

[7] Las tribus indígenas, sostuvieron una tenaz lucha contra el invasor español, donde el conocimiento de materiales bélicos de la época jugo papel importante en el exterminio de los grupos aborígenes. Los caribes, al igual que otras tribus, mostraron una resistencia implacable contra quienes buscaban someterlos en su propia tierra. Los caballos, perros amaestrados, arcabuces, fuerte vestidura y una gran experiencia en el arte de la guerra no lograron extinguir el grito de libertad que retumbaba en las montañas venezolanas, con flechas y lanzas combatieron con tenacidad regando los campos de batalla con su sangre americana. Esta lucha encarnizada duró varios años de enfrentamientos; hubo episodios de heroísmo, destacando el ímpetu y gallardía de valientes caciques como: Guaicaipuro, Baruta, Chacao, Tamanaco, entre otros. Revista Amerindia.

4. CDH aprueba declaración de principios indígenas.Ginebra, 30 jun de 2006 (PL) Los pueblos indígenas celebran la aprobación por mayoría en el recién estrenado Consejo de Derechos Humanos (CDH) de la Declaración de principios de sus prerrogativas, negociada por más de 20 años. El documento fue respaldado por 30 miembros del CDH, sustituto de la tristemente célebre Comisión de Derechos Humanos, en tanto sólo Canadá y Rusia se opusieron, mientras otras 15 naciones, incluida Argentina, se abstuvieron. La declaración reconoce el derecho de esos pueblos a la libre determinación y establece que deben dar su consentimiento a la explotación de los recursos naturales de sus tierras, así como limita las actividades militares en esas zonas. Además, reconoce los derechos colectivos de esas comunidades, incluida la preservación de sus valores culturales y de su entidad étnica, así como la protección ante el intento de expulsarlos de sus territorios ancestrales.

[9] ENTREVISTA / MIGUEL LEON-PORTILLA, HISTORIADOR, 2005

[10] Ladislao Landa Vásquez

[11] Ídem.

[12] Ladislao Landa Vásquez

(Movimiento Pluriétnico Intercultural de Venezuela) IDIOMA WARAO

MOPIVE

(Movimiento Pluriétnico Intercultural de Venezuela)

Ka ribu jakotai waraotuma daisa daisarone oriwere abaya

Wenesuela eku waraosebe orikuare nakayaja era ja, wite a obonobu ama obonona emikitane daisa daisa tane; ka jobaji iridaja a sanamatatuma kuare monikatatuma katukane takitia yakera eku abakitane, tametakore ka ebisaba narukitane. Ama seke kuare joida erasabukaja akuatukamo ka jobaji Venezuela dutanaka orinamonia. Tia kuare tamatika a ubamo kokotuka sabuka oriaisiko kuana yaotabukitane obonoya, ka nonaturu a sibi jakitiarone wite a nojiba aisiko orisanetane iyakaratakitane. Imawarane ka nabuana tuatane yanaja: ka jobaji yata monikatatuma a naru asamatane naruyaja, tai ka ribu yana; ka inatabanoko aidamotuma yakeraja yaotanaja, tai ka ribu yana. Ka kajotabu a karata iridaja dibuya monuka atae kuarika, era kuarika yaotakitane ja, yakeraubiaja ejobakitane, tamaja ka ribu tabua, damanamotuma sabajikitane omi. Tamaja MOPIVE araotuma a ribu, ka ribu nomeraja, taiwitu seke ka kuare oko jakotai, dibu daisa ekida.

Tamatika Wirinoko a kojo yatuka waraotuma era ja, araosebe kokotuka a sibi awere. Aruakotuma arakate ja waraotuma monukaja, tatuma a janokoinatuma sanukarone. Ka dajetuma Wuyana arao ja kotai kuare Tirinidari arao ja kotai, tatuma aukamo kuare a natoromo, tamatika ka orikawana ubaya. Arawituma rakate era sabuka ja. Ama jotaraotuma, Marakarita arao aisimo ejoboyaja erawitu ja, a obonona kuare a nona irida tane ori emia ka jobaji ekuya. Oko kokotuka ka moara orieku nakaya, oko orikaika oriobonokitane ja, orisanetaitane. Tiarone waraowitu a sanamatatuma eraubiaja jatanae ebewitu akuatukamo arejese bajekitane ama a yaja eku. Warao a nona, warao a ribu, warao a naminatuma yajoto tane abayaja jotarao a ribu kuare obojonatuma noikaya. Oko, Mopive arao tai seke iyakaratakitane obonoya, oko nomewitu tai nonate, tai a sibi iridaja, kokotuka janajakitiarone. Oko rakate waraotuma kokotuka kuarika nojibaturumo yana, tiarone yaotaroko.

Oko dibane warao a ribu yakera, a nona siborori, tamaja seke nomewitu tane ejoboya; tiarone taiwitu ka obonona kayuka yana, jisamuka yana, mate kuarika abakitane ja. Waraotuma erawitu jakotai a unukamo ekida, a burata omi, a yaota asidaroneana, ka ina, ka nabatuma, ka joanatuma anana sabana eku inamonia, waraotuma nojo ebe wabayaja, ka waraotuma a nobara nobo kuare jido ejobobuya, waraotuma a obonona monidawitu nakakitane. Aidamotuma jotarao kuare inatabanoko arao kawanuka waraotuma sanetakitane obonokuna, kawanuka sanetaya mojoro, a monikatatuma a sibi sanukidaja yakera tane ejobamioroi. Tai nome tiame oko obarako dibakomoni. Karaka aidamo kuaida burata era moabuae dijana, tai nomewitu; jotaraotuma waraotuma saba yaotayaja, tatuma kokotuka waraotuma a obojona a imasibumo yana, tai tanewitu rakate. Jotaraotuma eraja yakera waraotuma saba aisia. Tiarone Aidamoida araotuma, inatabanoko a yaotamo ama a sanetamo mate waraotuma a ribu naminanaja, a obonona tabua nokonaja, warao a nona kuare a namina wite emo nakaya. Waraotuma arejese tuata naminabuae tiaja, warao a reje wara isiko, jotarao era kuarika a kojoko eku yaburukomoni. Warao a obonobu tane kotaisi are naminanaja.

Tiarone jese waraotuma a obonona mate yakera eku nakanaja, waraotuma saba a yaotatuma nonakitiaja sanera tane bajia, waraotuma wite a jobaji iabakitane ja a obonona arawanera ekumo ejobamiaroi, a oriwarao, aukamo kuare natoromo aisiko joida naokitiaja jidotuma ekeida tane nabakakore. Warao a namina, a nona, a ribu tane, tai kokotuka yakera, amoara ja iridaubiaja. Warao jakotai wite a nona, wite a ribu, wite a obonona tabua kuana obonoya, tai dijatuka iabakitane obononaja, nome iabakomoni, warao a diawara wabakitane naminanaja. Takore tanerakate tai warao jese unukamo jidotuma saba yakerakore webo toanaja, jotarao a namina kuare a nona jido wite orisaba oakitane nome obonoya, saba yakerakore, saba oriwaka tane moayakore. Warao a obonona deko, unukamo nobo yakera kotaisi seorokitane dijanaka tamiaroi, unukamo jido yakera kotaisi arakate jotarao aisimo nakayarone, wite orisaba oakitane obonoyaraji. Unukamo nobo kotai kuare unukamo jido kotai oriasida yana, oriasatanaja. Deko yakerakore warao a diawara era kuarika tane namonimioroitane, waraotuma a nojiba Wenesuela a jobaji iridaja yakera kuarika eku abakuna tate.

Un mensaje pluralista e intercultural

MOPIVE

(Movimiento Pluriétnico Intercultural de Venezuela)

Un mensaje pluralista e intercultural

En Venezuela existe una diversidad de movimientos políticos y sociales para reflejar el pensamiento y el sentir de diferentes agrupaciones que actúan en el país, así como expresar los contenidos y propuestas para llevar adelante un profundo proceso transformador que Venezuela necesita y lo va viviendo día tras día. Nosotros somos parte de este proceso, pertenecemos como ciudadanos venezolanos a un amplio sector deseoso de participar protagónicamente, contribuyendo con ideas y hechos originales y propios a plasmar el futuro de la Nación. Más que criticar o adversar la situación actual que vive el país, nos interesa introducir y fortalecer algunos elementos ya presentes en la Constitución Bolivariana del 99, pero que hasta hoy no han recibido suficiente atención. Somos definitivamente un país multicultural, pluriétnico y plurilingüe, primero que nada por la importante presencia de los más de treinta y cinco pueblos indígenas originarios, de lo cual el Estado Delta Amacuro es un excelente ejemplo, con aproximadamente la mitad de su población perteneciente al pueblo warao.

A ellos se suman pequeñas comunidades de aruacos que lamentablemente han perdido en parte su idioma y su cultura: vamos a tratar de apoyarlos en sus esfuerzos por restablecer su identidad en la diversidad. Hay también en el Delta otros indígenas, un número significativo de hermanos nuestros procedentes de Guyana y Trinidad, una importante presencia de familias de ascendencia árabe en Tucupita y en el resto del Estado. Los numerosos criollos fundadores de los centros poblados de mayor tamaño han sido predominantemente margariteños y su cultura de raíz oriental tiene un gran peso específico en nuestro Estado. Sin haber podido mencionar en palabras tan breves los orígenes de la complejidad cultural del Delta, hemos podido por lo menos llamar la atención sobre esta realidad y las responsabilidades que esto acarrea. Todas estas culturas merecen y requieren nuestro mayor respeto y la promoción de sus valores y manifestaciones. Pero tenemos en el Delta y gran parte del Oriente venezolano una deuda histórica muy especial con el pueblo warao, quien no por mayoritario ha podido desplegar hasta ahora toda su potencialidad cultural ni el vigor de su idioma. Queremos y sabremos actuar de manera importante en este terreno tan prioritario.

No todo se reduce, por supuesto, a un discurso sobre culturas, interculturalidad y hermandad entre los pueblos, aun cuando esto es sumamente innovador e importantísimo para nuestro país y el mundo. Pero aún nos falta entender –no estamos suficientemente acostumbrados todavía a este enfoque– que sin tomar en cuenta las identidades culturales y la importancia básica de la Madre Naturaleza hoy tan castigada, tampoco estaremos en capacidad de resolver los problemas económicos, los de carácter laboral, los de naturaleza educativa, las carencias en materia de salud que son tan graves en el Delta, la migración de nuestros pobladores hacia el centro del país, la deficiente aplicación de los Derechos Humanos. Mucho se ha logrado en estos últimos años –hay que reconocerlo sin mezquindades– especialmente en lo concerniente a la visibilización y reivindicaciones de los pueblos indígenas y de otros sectores pobres, oprimidos y excluidos. Pero aún nos falta mucho más y eso habrá que realizarlo con nuevos criterios muy poco aplicados hasta el presente como lo son el pluralismo, la diversidad y la interculturalidad, a pesar de las buenas intenciones, algunas veces exitosas.

Para comprobar lo aquí dicho en la realidad cotidiana, poco se ha podido hacer por fortalecer las comunidades warao –ni siquiera erogando importantes recursos– al desconocer muchas veces o no tomar en cuenta las características tan particulares de su organización, su cultura, sus especificidades históricamente acumuladas, que no se han debilitado a pesar de su largo contacto no siempre feliz con otros sectores poblacionales. En consecuencia, los warao continúan abandonando sus tierras ancestrales y con ello se va diluyendo una cultura y un idioma milenarios que son patrimonio de la humanidad: no para ser congelados en medio de una dinámica mundial sino para propiciar que sigan siendo para el futuro verdaderas alternativas endógenas de organización socioeconómica, diversidad cultural, riqueza simbólica, espiritual y lingüística. Esto lo podremos lograr entre todos, con la participación protagónica del pueblo indígena warao, que siempre ha dado muestras de su capacidad de resistencia mas también de insertarse en los espacios y aprovechar las oportunidades que les ofrecen los nuevos tiempos, junto a los cambios que vienen sucediendo. En líneas generales, estas reflexiones pueden extenderse al resto de los habitantes del Delta, incluso a los recién llegados, ya que todos sin excepción estamos obligados a seguir convirtiendo esta tierra hermosa y de fabulosos recursos, al mismo tiempo que muy delicada en su naturaleza y su configuración geográfica, en un inmenso ecosistema propicio para todos sus integrantes y capaz de contribuir a la construcción de una Venezuela mejor.

jueves 17 de abril de 2008

LITERATURA WAYUU

Etnoliteratura Wayuu

Gabriel Alberto Ferrer y Yolanda Rodríguez Cadena. Estudios críticos y selección de textos. Barranquilla: Fondo de Publicaciones, Universidad del Atlántico, 1998.

Este libro hace parte de la Colección de Lingüística Pedro María Revollo, que con el sello de la Universidad del Atlántico, rinde homenaje a uno de los estudiosos más importantes de las expresiones culturales del Departamento del Atlántico y del mundo del Caribe colombiano, en general. El Padre Revollo fue miembro de la Academia Colombiana de la Lengua y de la Academia de Historia y autor de una variada producción intelectual entre la que merece destacarse “Apuntaciones sobre el lenguaje costeño en Colombia”. Otros hombres ilustres de la Costa Caribe prestaron su nombre a las diferentes colecciones de este mismo sello: José Félix Fuenmayor en literatura, Julio Enrique Blanco en filosofía, Armando Durán Gneco en ciencias naturales, Rodrigo Noguera en ciencias sociales y José H. Castillo en ciencias pedagógicas.

La publicación de esta obra Etnoliteratura Wayuu aparece validada por la razón académica de “difundir el conocimiento producido por las lenguas que se hablan en el área del Caribe colombiano” y la de apoyar el rescate de las fuentes documentales para su estudio. La comunidad Wayuu, integrada aproximadamente por 120.000 indígenas, tiene asiento en la Guajira colombovenezolana y posee una de las nueve lenguas de origen amerindio, presentes en el panorama lingüístico del Caribe colombiano.

El texto resalta la importancia de la tradición oral como empuje perpetuador de las prácticas culturales de la comunidad. Los autores tocan la aparente contradicción de la difusión escrita de una literatura que es fundamentalmente oral y aclaran la condición oral que sigue conservando esta literatura, más allá de su difusión escrita en textos como éste. En las comunidades indígenas, vivas como la wayuu, la oralidad es un fuerte mecanismo de cohesión evidente en la importancia de los papeles que cumplen los emisarios de la palabra: en el palabrero o pütchipü, definido por su habilidad con el lenguaje, el curandero o piache que ejerce la sanación por el poder de la palabra ritual y los contadores de historias o jaiechimajachi, que tienen el don del lenguaje de la poesía.

En esta relación entre la oralidad y las formas sociales tradicionales recordamos las notas de Paul Zumthor sobre la voz en las culturas africanas, en las que la palabra es la base del poder del jefe y de la política. En las culturas tradicionales como las africanas o las indígenas, el flujo de la voz se relaciona con el flujo del agua, de la sangre y de la esperma.[1]

En general, la cultura del Caribe colombiano, donde se asienta la comunidad wayuu, es fundamentalmente oral, no sólo porque allí se impone la utilización de la voz a la escritura sino porque los miembros de su cultura participan de una concepción del mundo que recurre ante todo al uso de la palabra oral para categorizar la realidad, y esta oralidad, como lo aclara Zumthor, va más allá de la condición alfabeta que pueda tener la mayoría de los habitantes.

Lamentablemente es muy rápido el paso por algunos puntos importantes y muchos comentarios se quedan aislados. El texto no profundiza el grado de articulación existente entre los relatos de escritores y la tradición wayuu. Sabemos que en la comunidad hay una tradición oral viva y rica en relatos de conocimiento colectivo, pero habría sido importante mirar la ligazón de las historias escritas con los cuentos tradicionales populares para determinar el cambio y permanecencia de elementos de la literatura oral tradicional.

Conocemos muy poco sobre el mundo wayuu, su cotidianidad, su cultura relegada, su economía maltratada y sus relaciones con el mundo del Caribe colombiano. Falta un acercamiento más detenido a esta cultura que nos permita enlazar los textos con los rasgos desconocidos de esta comunidad. Para el lector alijuna, una información básica sobre el proceso de desalojo y contaminación explicarían la insistencia de los textos en la lucha por la autonomía regional y por la defensa de sus valores.

Diversas partes componen la obra: primero un ensayo general sobre la poética y la creación estética en la cultura wayuu, después ensayos críticos sobre las obras y fragmentos de textos con materiales en castellano pero también en lengua uayuuunaiki. Hay un amplio panorama de representantes: Ramón Paz Ipuana, Ramiro Larreal, Atala Uriana, José Angel Fernández, Vito Apüshana, Miguel Angel Júsayu, Vicenta Siosi, José Antonio Uriana, Juan Pushaina, José Angel Fernández, Antonio Joaquín López, Glicerio Tomás Pana y Ramiro Larreal. Tampoco los datos biográficos resultan suficientes para iluminar los textos porque no contienen rasgos funcionales aclaradores.

Pero este señalamiento pretende marcar las limitaciones del receptor y no oscurecer el brillo de la obra. No se trata de una fría selección de literatura desconocida. En los resultados se siente el trabajo investigativo y el contacto con la comunidad. Los autores intentan buscar las claves de significado en los textos e incluyen abundantes fragmentos que nutren el análisis de la narrativa y la poesía wayuu y desde concepciones míticas indígenas encuentran enlaces de los temas y las formas con perspectivas universales de la literatura.

Tal vez resulte difícil con un primer trabajo cumplir el objetivo de “romper el canon de la literatura colombiana, conformado generalmente por autores y obras mestizas”, que los autores expresan en las primeras páginas, pero se trata sí de un aporte valioso a la difusión de la riqueza cultural de una comunidad, que merece ser conocida.

Consuelo Posada

Universidad de Antioquia

[1] Zumthor, Paul. Introducción a la poesía oral. Madrid: Taurus, 1991.

lunes 24 de marzo de 2008

CORRUPCION INDIGENA EN EL ESTADO AMAZONAS-VENEZUELA

SINOPSIS CASO JUEZ VALDEZ


En fecha 06 de febrero de 2008 el Dr. Navarro, Presidente del Circuito Judicial Penal del Estado Amazonas le notifica al entonces juez de primera instancia en lo penal ALBERTO JOSÉ VALDEZ SALAS, titular de la cédula identidad N° 2.167.323 e Inpreabogado N° 6.717, del ACUERDO tomado en fecha 30 de enero de 2008 por la Comisión Judicial del Tribunal Supremo de Justicia, cuyo contenido se transcribe textualmente a continuación:

“Sirva la presente para comunicarle que en reunión de fecha 30 de enero de 2008, la Comisión Judicial en uso de sus atribuciones, acordó dejar sin efecto su designación como Juez de Primera Instancia del Circuito Judicial Penal de la Circunscripción Judicial del Estado Amazonas”.

Tribunal el suyo que entregó el 11 de febrero de 2008, con el apersonamiento de la jueza sustituta en la sede del Circuito Judicial Penal en Puerto Ayacucho.

ANTECEDENTES

El sábado 05 de enero de 2008 concluía el juez Valdez su reposo médico y estando su Tribunal Segundo de Control de guardia, debía apersonarse al mismo el propio domingo 06 de enero de 2008, a partir de las 08:30 a.m. para recibirla de la jueza suplente abogada María Daniela Maldonado, con la circunstancia muy especial que se tenía programado a partir de las 09:a.m. realizar la Audiencia de Presentación del imputado ciudadano Luís Avaristo, Alcalde en funciones del Municipio Río Negro del Estado Amazonas, contra quienes, Alcalde, Administrador Municipal y Contratista de Obra, dicha jueza había decretado sendas privaciones de libertad.

En el caso del Alcalde la misma que se materializó el 04 de enero de 2008 con su entrega voluntaria en la sede de la Brigada de Infantería de Infantería de Selva, donde se lo alojó en cómoda habitación y alimentación en el Casino de Oficiales.

Ese día, superada una demora causada en problemas del Sistema Iuris 2000, explicada y consentida por las partes, se inició la Audiencia que concluyó pasadas las 07: p.m., con la dispositiva de mantener al ciudadano Alcalde privado de libertad, tanto por la presunción iuris tamtum de peligro de fuga, ya que el límite máximo del delito imputado por los Fiscales Nacionales del Ministerio Público es de 10 años de presidio, como por la muy probable obstrucción que al proceso le implicaría otorgarle cautelarmente la libertad al susodicho Alcalde.

Al respecto, todo un prontuario basado en amplísima documentación suministrada por el FIDES, había sido esgrimido por los dos Fiscales Nacionales con Competencia Plena que representaron a la vindicta pública, entre los que destaca el pago íntegro a una empresa constructora del valor de la obra por 350 millones de bolívares, aproximadamente, consistente en un hotel turístico en San Carlos de Río Negro. ¡La misma que nunca se construyó!

Del vauche del cheque cobrado en cuestión, parte muy importante del cuerpo del delito, tres son los responsables: el Alcalde Luís Avaristo, el Administrador Municipal Alexander Fernández López, y, el contratista ciudadano Rafael Alencar.

Para entonces tanto el ex administrador municipal como el contratista se encontraban prófugos de la justicia.

Ciertamente es del conocimiento de la sociedad amazonense que una vez de haber sido recusado por la defensa privada, el juez Valdez se apartó del conocimiento de la causa dentro del lapso de ley; así mismo que secuencialmente el Juez Primero de Control, abogado Rafael Urbina les acordó, por una parte, al Alcalde libertad cautelar con la presentación de fianza suficiente, y al ex administrador, quién venía de ponerse a derecho, también libertad cautelar, debiendo éste permanecer en su residencia de Puerto Ayacucho, mientras el Alcalde dentro de la jurisdicción del Municipio Atures cuya capital Puerto Ayacucho.

A todas éstas, de forma inmediata al otorgamiento por el juez Urbina de dichas libertades cautelares, la Jueza Tercero de Control, abogada Omaira Martínez de Vergara, instigada por la entonces Fiscal Superior del Estado Amazonas, abogada Úrsula Mujica y sin basar tan trascendente decisión en motivación alguna, ordenó el allanamiento de la morada de dicho juez, en búsqueda aparentemente, de un jugoso soborno que nunca se evidenció.

A ojos vistas son tres actuaciones bien diferentes de jueces, sin embargo los tres fueron objeto de idéntica medida de la Comisión Judicial dejándose sin efecto sendas designaciones; aunque sólo el juez Valdez ameritó que los abogados privados de la defensa desde el 18 de enero solicitaran a través del Juez Presidente de ese Circuito Judicial, fuese desincorporado de su cargo.

Valga para concluir con las palabras del Magistrado Iván Rincón Urdaneta, entonces Presidente del Tribunal Supremo de Justicia, con ocasión del Acto de Apertura Judicial 2005, al cierre de su enjundioso discurso:
(…) Un Poder Judicial honesto es esencial para poder encarar los retos en los tiempos en que vivimos. Además, sin lugar a dudas existe una correlación directa entre la gobernabilidad, la seguridad jurídica y el crecimiento económico, particularmente en la habilidad para atraer la inversión nacional y extranjera, vital para crear nuevas oportunidades y eliminar la pobreza, lo cual no es posible sin gobernabilidad y sin el debido respeto a las leyes. En términos generales, la gobernabilidad promueve los derechos humanos fundamentales y universales.

Exhorto a todos los jueces del país a que no se dejen doblegar por presiones, que sentencien a los corruptos, determinen sus responsabilidades, sin miedo, sea quien sea. Para cumplir con esta tarea contarán con todo mi apoyo y el del Tribunal Supremo de Justicia en pleno, el país se los recompensará…-

Nuestra misión es formar un clima de consenso entre todos los poderes del Estado, para reafirmar así, la importancia de una sana coordinación interfuncional por la defensa del Poder Judicial contra la corrupción y además para lograr la mejor marcha de la nación…-.

Pondremos todo nuestro empeño para que el buen nombre del Dr. ALBERTO VALDEZ SALAS, quien a sus 41 años de haber egresado como abogado de la Universidad Central de Venezuela y 34 de diplomado en la Universidad de Paris I (Sorbona) se mantiene definitivamente comprometido con el destino autogestionario de los Pueblos y Comunidades Indígenas de Venezuela y muy especialmente de aquel Territorio Federal (hoy Estado), en cuya creación y desarrollo institucional ha tenido relevante participación, sea limpiado de tan injusta como inmerecida mancha.

domingo 17 de febrero de 2008


  1. A LOS PUEBLOS INDÍGENAS DE VENEZUELA Y DEL MUNDO

    CONSIDERANDO

    Que los pueblos indígenas de la República Bolivariana de Venezuela, vienen sufriendo variadas formas de ecocidio en nuestras tierras y hábitat, así como también prácticas de etnocidio, por parte de las empresas petroleras extranjeras, desde el año 1936 hasta nuestros días .
    Que la empresa Exxon Móvil y sus filiales, vienen produciendo daños materiales e inmateriales irreparables a nuestros pueblos indígenas, las cuales se refieren a desplazamientos forzosos de las comunidades, envenenamiento de sus manantiales, destrucción de la floresta y la fauna, elevado proceso de aculturación, evangelización compulsiva, explotación irracional de la mano laboral indígena; en fin una sistemática destrucción de nuestro activo y único patrimonio de la nación y de la humanidad, como son: LOS RECURSOS NATURALES NO RENOVABLES Y LAS CULTURAS Y PUEBLOS INDIGENAS, decretados por las Naciones Unidas, como Patrimonio Cultural de la Humanidad.
    Que la Empresa Exxon Móvil y sus filiales operadoras petroleras en el país, han lesionado directa e indirectamente nuestra integridad cultural, social y económica en la ejecución de sus actividades de exploración y explotación petrolera, obras ejecutadas en nuestro hábitat y tierras, violando disposiciones nacionales e internacionales sobre la conservación, mantenimiento el ambiente y reparación de los daños ecológicos, violando casi todos los Convenios Internacionales sobre los Pueblos Indígenas y la Conservación Ambiental.

    EN CONSECUENCIA

    I. Los pueblos indígenas de la República Bolivariana de Venezuela, con sus organizaciones tradicionales y las registradas, solicitamos al Estado Revolucionario, la asistencia económica, técnica y jurídica, para activar el sistema de administración de justicia y que ponga a la disposición de la Asociación Civil MOPIVE y demás organizaciones indígenas, los expertos jurídicos y ambientalistas para demandar a la empresa Exxom Móvil y sus filiales operadoras; por el doble de la demanda temeraria e imperialista, intentada contra la empresa de todos los venezolanos PDVSA; y perseguir todos sus bienes, mediante acciones tutelares, para que responda a LOS PUEBLOS INDÍGENAS VENEZOLANOS, el derecho de pago de indemnizaciones, reparaciones y saneamiento ambiental de los daños generados por las actividades petroleras.
    II. En el pasado otros imperios, países y trasnacionales, han explotado nuestros recursos naturales: minerales preciosos y energéticos, los forestales, faunísticos y la floresta, ahora vienen por el agua dulce potable, nuestro inventario farmacológico, el oxigeno del planeta y terminaran por llevarse nuestra sangre, nuestros pueblos, culturas primigenias y en consecuencia LA DESTRUCCIÓN DE LA HUMANIDAD.
    III. Es ahora o nunca, activemos la alarma roja contra la guerra defensiva, la intervención y la invasión imperialista.


    Desde nuestras tierras y hábitat ancestral, 12 de febrero del 200


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